miércoles, 30 de septiembre de 2009

La vida


Unas veces arriba,
otras veces abajo,
y así.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Extraña fauna


Hay ballenas que encallan
en un mar de gente.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Sonrisas


Pasa que cuando te comés todas las galletas
sin dejar ninguna
el paquete se pone muy contento.

lunes, 14 de septiembre de 2009

"S"



Córdoba tiene muchísimas esquinas.
Algunas de esas esquinas tienen historias, que son como su retrato.
Pero sólo una es un regalo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Pablo


Ella me dice que va a pasar, que todo pasa, que la vida sigue.
La galería se está quedando a oscuras y ya casi no queda agua en el termo, límite natural de nuestra conversación. Intento, pero no me sale nada para responderle. Pienso que a veces los sentimientos son intransferibles. "Estoy triste" o "tengo miedo" son apenas bocetos imperfectos de las verdaderas sensaciones. Entonces renuncio a cualquier palabra, me quedo con el poco de aire que tomé para hablar y lo siento adentro, deshaciéndose. Pablo sabía mucho de silencios. Me acuerdo del primer viaje que hicimos juntos. Hacía poco que nos conocíamos y yo había insistido en acompañarlo en su visita semanal al norte. Durante todo el camino no dijo nada. Mientras yo me esforzaba por cubrir lo que en ese entonces me parecía un silencio incómodo, comentando cosas inconexas como el estado de la ruta, lo curioso de esos arbolitos espinosos que veíamos o la hermosa proximidad de las sierras, él apenas contestaba. Me costó entender, pasado un tiempo, que no había sido falta de interés en mi compañía sino su naturaleza huraña y silenciosa, que lo hacía tan único para mí. Era un tipo de pocas palabras, incluso en el amor, pero con otras maneras de expresarse que yo había aprendido a interpretar como si se tratara de una delicada obra de literatura. Será por eso que ahora que pienso en él se hace más intenso el silencio.
Ella me dice que me tome otro mate, que el fin de semana vayamos al cine así me despejo un poco y yo le digo que sí, que bueno.
¿Despejarme? De pronto me causa gracia la expresión. Despejarme, como si los recuerdos no estuvieran en un lugar a salvo, de los demás, de mí misma. Necesitaría un ventarrón bien frío para despejarme, para olvidar esa forma de sonarse los dedos que me exasperaba, su barba desprolija que yo acariciaba despacito para despertarlo, sus manos grandes pero increíblemente suaves en las caricias, su perfecto complemento en el sexo, su abrazo para dormir que contenía el hueco exacto de mi cuello. Soy un cielo demasiado encapotado como para despejarme, pienso, demasiado gris.
Ella junta el termo, el mate y las galletas y los lleva adentro. Me quedo sola en la galería, las manos en los bolsillos, sintiendo el estremecimiento del frío afuera y adentro de mí. La noche es un buen momento para recordar, aunque los recuerdos parezcan cada vez más lejanos, o quizás sea yo la que me aleje. Una noche más, un día más, pequeñas puntadas para rehacer una vida hundida en un dolor incontable, que sólo puede causar el amor.
Vamos juntas hasta la puerta. Me despide, me dice que no me quede sola, que nos vemos el fin de semana, que la llame si necesito hablar. Sí, claro. Sí, gracias.
El camino de vuelta está lleno de Pablo y de su silencio. Y entonces sí, de una manera extraña, me siento acompañada.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Nepotista

Estudiante universitario respondiendo consigna de un trabajo práctico sobre las dificultades de las empresas familiares.

- Profe, yo entiendo que en esta empresa había mucho fatalismo, nepotismo, negativismo, pero...
- Pero nepotismo no es lo mismo que fatalismo.
- Sí, ya se. Nepotismo es más amplio, es como... cómo es esa palabra?
- ¿Vos te acordás de lo que significa nepotismo?
- Sí, nepotismo es cuando uno piensa que está todo mal.
- Eso no es nepotismo. Eso es pesimismo...
- ... ahhhhhhh!

No puedo sentirme sino muy "nepotista" frente a los resultados del práctico...

jueves, 3 de septiembre de 2009

Prisionera


El mismo recorrido, durante mucho tiempo, me hacía pasar por el frente de esta casa. Me llamaba la atención el contraste entre ella, tan pequeña y algo descuidada pero con signos de ser habitada, y los gigantes de ladrillo que la rodeaban como dos centinelas, sacándole la luz y creo que hasta el aire.
Finalmente apareció el cerco. Los gigantes ganaron.
Me pregunto hasta donde se achicará el cielo en esta ciudad y cuál será el límite para nosotros, que necesitamos más azul y menos marrón para vivir.