lunes, 31 de agosto de 2009

Un final feliz para pimpollos


Ese día mis hermanas llegaron del colegio con un pollito cada una, producto de una distribución que hizo una veterinaria del centro. Sospechando lo feliz que iba a ser teniendo uno propio, quise el mío, y un pollito no se le puede negar a un niño de 4 años, más aún si sus hermanas tienen sendos cada una... Recuerdo la instalación del mini gallinero en el balcón, que mi papá cerró con lo que creo que era el respaldar de una cama vieja, la preparación de la comida (¿pan con leche? ¿polenta?), me acuerdo de que ensuciaban mucho y de que algunas veces los soltábamos en el living, con un poco de escándalo de mi mamá. Creo que ahí formé mi recuerdo táctil de cómo se siente acariciar un pollito, después me parece que no lo volví a hacer.
Este es uno de mis más lindos recuerdos de la infancia lejana, aunque ya no sepa si son mis recuerdos, los comentarios de las fotos que quedaron, lo que otra gente me cuenta de lo que viví, o construcciones hechas de esos mismos recuerdos, a las que uno va novelándole sensaciones, escenarios, diálogos y hasta personajes.
No se cuánto tiempo estuvieron con nosotros, yo diría al menos seis meses, pero como no recuerdo que los pollitos hayan crecido o cambiado de plumaje, debió ser mucho menos. Pero así medimos el tiempo a los 4 años, o al menos me gusta pensar que así lo hacemos, en función de la intensidad de lo que vivimos. Nunca supe a donde fueron a parar, ni mucho menos cómo me convencieron de que había que regalarlos a una persona que tuviera el lugar que ellos necesitaban para poder crecer... ¡Eso fue! seguramente nos convencieron así, diciéndonos que no les hacía bien crecer en un balcón, sin lugar para correr ni comer gusanitos. El caso es que un día se fueron a ese lugar mejor a pasar el resto de sus vidas.
Ya más grandes, mi papá nos cargaba diciendo que habían terminado en un exquisito asado, o cosas parecidas, pero nosotros ya estábamos en edad para reírnos del tema y, además, sospechábamos finales parecidos.
Sin embargo, casi 30 años después, aparece Martín, contando finalmente que los pollitos habían ido a parar a su casa después del exilio del balcón, que vivieron muchos años y que terminaron sus días caminando libremente en un patio lleno de gusanitos.

Gracias Fzzz por la historia

miércoles, 19 de agosto de 2009

Grieta


Un patinador alado cruza el cielo.
Queda su huella.

viernes, 14 de agosto de 2009

Anónima


No tienes rostro.
Sólo eres un cuerpo
para nuestros vestidos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Extraterrestre


Parada del colectivo. Mucho frío que parece más porque ya es de noche. Comparto la espera con una mujer joven y su hijito de unos 8 años. Al fin se ve a lo lejos uno celeste que puede ser el nuestro.

La mamá le pregunta:
- Ves cuál es el colectivo que viene?

La respuesta nos hace reír a los tres:
- El ET.

Me subo, esperando que un chofer con un dedo brillante me entregue un boleto que levite suavemente en el aire.