viernes, 20 de febrero de 2009

Viejos

Estoy en la parada del colectivo desde hace un rato, auriculares puestos, música para sobrellevar la jornada larga que se acaba y el calor espeso de Córdoba por estos días.
Ella sale de su casa, la casa que soporta la parada del colectivo en su vereda, que siempre tiene gente y basura desparramada. Bajita, bastante delgada, alrededor de los 80. Camina un poquito por el jardín, le dice algo tierno a un perro perdido acostado en el pastito que, demasiado triste, no le responde.
Entonces sale del jardín y viene directo hacia mí. Me dice algo. Mis auriculares no me dejan escuchar. Me los saco.
- Ah, estás escuchando música... No, decía que parece que salió un poco de viento.
Le doy la razón, aunque no percibo el viento por ningún lado.
- Pero estás escuchando música, seguí nomás...
Se alejó un poco. Yo maldije el aparatejo que me aislaba de la conversación. Me daba pena. Se notaba que había salido a charlar.
- No, no importa. Puedo apagarlo.
Entonces se volvió. A conversar. Durante un rato largo habló de todo tipo de temas, sin parar. Del calor, del perro perdido, de los colectivos, de lo que había cambiado el barrio, de sus nietos. Yo sólo asentía. Vino el colectivo y me despedí.
Y ahora / escribano / por favor / inspeccione la heladera del anciano aquí presente / y levante inventario describiendo el contenido: / un yogur / una jarra de loza / agüita de la canilla / mariscos no hay / aves no hay / frutas no hay / coche no tiene / madre no tiene / hermanos no tiene / dos supositorios de Causalón / la factura del agua / la factura del gas / la factura de la electricidad / el monotributo / y un papel amarillo donde lleva las cuentas / los ceros de los ancianos son / como botoncitos.
Me fui pensando en esto que escribió Salzano, en mi abuela que se apaga, en el poeta inesperado, en la pareja de viejitos que veo siempre caminar del brazo, en que de alguna forma yo también estoy envejeciendo.
Hay soledades tan grandes que no entran en una casa.

jueves, 19 de febrero de 2009

Chapitas


Las olvidaron durante 30 años.
Ellas se ordenaron, se mezclaron. Se contaron todos los secretos.
Se soñaron en una fachada.
Algunas se volvieron locas, y se despintaron.
Pero el olvido no dura toda la vida.

lunes, 16 de febrero de 2009

El beso

Hace tiempo tengo una lámina de El beso de Klimt, comprada en viaje. Con ganas de colgarla al fin, averiguo en un negocio de enmarcación. Sin saber específicamente de qué cuadro se trataba, el vendedor me explica las posibles variantes y los precios y me da una tarjeta:


Fue como si me hubiese dado un espejo.

Ceci: ¡Este es el cuadro!
Vendedor: El beso, de Klimt?
Ceci (sin poder dejar de mirar la tarjeta): Sí, que coincidencia.
Vendedor: Eso es para que vuelvas...(risas)

O las brujas metieron su dedito o el marketing está avanzando como loco.

jueves, 12 de febrero de 2009

Maestra


Aguanta el sol furioso de la tarde. El viento que remolinea en el balcón. Las temporadas de sequía durante mi ausencia.
Hoy floreció.
No dejo de aprender de mi maestra verde.

lunes, 9 de febrero de 2009

La reproducción

Hay algo peor que hacer una hora de cola en el banco: que tu compañero de espera sea una simpática señora mayor dispuesta a conversar. Apenas la ví supe lo que se me venía. Y sí, razones no faltan para quejarse en estos días: que la luz aumentó, que el impuesto municipal aumentó, que el calor no se aguanta... Todo ese desahogo era bastante soportable hasta que llegamos al punto crucial que explicaría el estado verdaderamente desastroso (en su opinión) de este país. Ese factor clave, el quid de la cuestión era, ni más ni menos, que “la reproducción”.
- “Si las mujeres no tuvieran 10 u 11 chicos cada una no habría tanta desocupación, tanta delincuencia”.
Traté de explicarle que el problema era un poco más complejo que eso. Ella volvió a la carga.
- “No, m’hija, acá hay que hacer algo, no se, esterilizar a las mujeres, darles pastillas, algo”.
Me quedé en silencio. Se me ocurrían una parva de argumentos que podrían refutar esa idea. Sin embargo, no valía la pena, no la hubiera convencido. Mis alumnos, mis padres y hasta mi vecina de enfrente me responderían lo mismo.

Creo, sin embargo, que el problema es precisamente la reproducción. Pero no de las mujeres que tienen 10 o más hijos, sino de las condiciones en que eso ocurre.

Para alguien que tuvo acceso a todo, o casi todo, es completamente “obvio” que todo el mundo puede elegir libremente la vida que tiene, los hijos que dará a luz, lo que comerá, la carrera universitaria que estudiará, el tipo de trabajo más adecuado. Como si el punto de partida fuera el mismo, como si las opciones estuvieran ahí, al alcance de la mano. Esa es la historia vivida, encarnada, y la única posible.

Para quien, en cambio, sólo conoció la falta de todo, o casi todo, el hambre, una “casa” compartida con mucha gente, la violencia, la falta de trabajo y de futuro, lo único imaginable es repetir la historia ¿cómo pensar algo diferente? Para una adolescente que no es nadie, que no puede ser nadie, la maternidad es, en última instancia, un medio de identidad. Es madre. Es algo, reconocido por los otros, al fin. Después vendrán las penurias cotidianas. Si esa fue la historia de su madre y su abuela ¿por qué no sería la de ella? Me viene a la mente la imagen final de la película “Feos, sucios y malos”. La imagen de esa nena, en la que uno deposita todas las esperanzas de cambio, de poder salir de ese infierno. Pero no, la historia se repite.

Creo que la maternidad como libre elección es algo para muy pocas mujeres. Que los muchos hijos tienen más de una razón. Que lo racional para nosotros puede no ser razonable para los demás. Y que no sirve el propio parámetro para juzgar y medir la vida ajena, nunca.

Pero eso es sólo lo que yo creo.

viernes, 6 de febrero de 2009

Sin ponerse colorado

Oído en reunión con decano de importante facultad:

* Guaraníes en Salta? ¿Los guaraníes no son del Chaco? yo pensaba que en esa zona había sólo tobas wichi, que ahora se hacen llamar wichi toy (!?)

* Yo trabajo mucho allá en el norte, tengo unos clientes, una SA a los que le expropian 20.000 has justamente para dárselas a estos indios, a los tobas... Esas 20.000 has tenian una parte sembrada de soja, con eso los 70 indios podían vivir como reyes en Europa (risas).

* Viajo seguido para allá (Orán, Tartagal, Sta Cruz de la Sierra) y el problema son estos que cortan la ruta por cualquier cosa... siempre inventan una, es el nuevo curro que encontraron para sacar plata, así que yo me llevo $200 en billetes de $10 para ir pasando...

* Allá las chicas de 20 parecen de 80, todas sin dientes, con un montón de hijos, un horror. Con ellos trabaja un pastor evangelista, rubio de ojos celestes. A todas las indias los chicos les salen rubios y de ojos claros... me parece que el pastor... (más risas)